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nº 70, junio 2026
segunda parte
x Lorena Vizcaíno Fernández[1]

La plataforma informativa Gurí
LVF.- En la primera parte charlamos sobre la importancia de conocer las trayectorias de niños, niñas y adolescentes dentro del sistema educativo. Hoy gran parte de esa información está digitalizada. ¿Qué aporta ese conocimiento?
GGP.- Actualmente los datos de ingreso a Primaria se registran en la plataforma Gurí, una herramienta que permite almacenar de forma digital la información filiatoria y educativa de cada estudiante. Cuando hay un traslado de centro educativo o el pasaje a Secundaria, esos datos pueden volver a consultarse, corregirse o actualizarse.
Es una herramienta muy útil porque ofrece un panorama del núcleo familiar, la situación de salud, la composición del hogar o la distancia entre el domicilio y el centro educativo. Pero la pregunta importante es ¿qué hacemos con esa información y cómo la interpretamos? .
Por ejemplo: ¿llega mojado cuando llueve? ¿Tiene algún problema de salud? ¿Cómo se traslada al centro educativo? Son preguntas que deberían formar parte de la inscripción y, sobre todo, de la lectura posterior de esos datos.
LVF.- ¿Cómo comenzaste a trabajar esta perspectiva en Enseñanza Secundaria?
GGP.- Mi experiencia en el Liceo Nº 40 en el barrio Peñarol de Montevideo comenzó a principios de los años 2000. Ya había mencionado las visitas a las escuelas de la zona de Peñarol, principal procedencia de quienes luego ingresaban al liceo, aunque también llegaban estudiantes desde Barrio Lavalleja, Sayago y el Complejo América.
A partir de 2001, junto a mi compañera Alba Scaldaferri, comenzamos a fortalecer el vínculo con las escuelas. Propusimos acompañar el ingreso de los futuros estudiantes mediante encuentros previos y una jornada especial para quienes ingresaban a primer año, acompañados por algún familiar.
No fue sencillo. Hubo que presentar la propuesta a la dirección, obtener la aprobación de Inspección y lograr el respaldo del cuerpo docente. Finalmente se pudo implementar y sostener durante varios años.
LVF.- ¿Qué implicó esa construcción del trabajo institucional?
GGP.- Significó conocer el liceo en profundidad: su estructura física, sus docentes, la secretaría, la dirección y, sobre todo, generar vínculos de confianza.
Los docentes poseen un enorme conocimiento sobre sus estudiantes. Saben quiénes tienen hermanos en el centro, quiénes atraviesan dificultades familiares o quiénes buscan espacios de confianza para expresar preocupaciones y angustias. Ese conocimiento puede transformarse en una herramienta muy valiosa si se utiliza de forma responsable.
LVF.- En aquel momento todavía predominaban los registros en papel. ¿Cómo trabajaban con esa información?
GGP.- Antes de la digitalización, había una carpeta de cada estudiante donde se registraban sus datos y su trayectoria escolar. Cuando egresaban de Primaria, esas carpetas quedaban archivadas.
Solicitamos a las escuelas que nos las enviaran. Eran muchas y ocupaban mucho espacio, pero nos permitían contar con información relevante sobre los años previos de cada estudiante.
Esto tampoco ocurrió de inmediato. Requirió tiempo, confianza y conocimiento de las dinámicas institucionales.
Las entrevistas con las familias de los estudiantes
LVF.- ¿Cómo surgió la idea de entrevistar a las familias durante la inscripción?
GGP.- Junto con Alba propusimos incorporar entrevistas familiares en el momento de la inscripción para construir una base de datos actualizada del alumnado.
Fue una iniciativa novedosa que generó algunas resistencias, tanto entre las familias como entre algunos docentes. Muchas personas sentían que determinadas preguntas invadían su privacidad o simplemente no comprendían el sentido de la propuesta.
Sin embargo, esas entrevistas resultaron sumamente valiosas. Allí aparecían situaciones que no figuraban en ningún formulario: desempleo, enfermedades, problemas de vivienda, dificultades de cuidado, situaciones de violencia o ausencia de referentes familiares.
LVF.- Una vez obtenida toda esa información, surge la pregunta del título: ¿qué hacer con esos saberes?
GGP.- Precisamente ahí aparece el eje de esta reflexión.
Nos propusimos participar en el armado de los grupos de primer año para aportar elementos que ayudaran a comprender mejor las necesidades de cada estudiante.
No se trataba únicamente de considerar el rendimiento académico. También importaban cuestiones vinculadas a la salud, las condiciones de vivienda, las distancias que debían recorrer o determinadas situaciones familiares que podían afectar la experiencia educativa.
LVF.- ¿Toda la información debía compartirse?
GGP.- No. Entendíamos que existían datos que, por razones éticas, debían permanecer dentro del equipo multidisciplinario.
Por ejemplo, saber que un padre o una madre estaban privados de libertad no necesariamente aportaba elementos para el trabajo cotidiano en el aula. Había información que debía preservarse y utilizarse únicamente cuando fuera pertinente para acompañar una situación específica.
LVF.- ¿Cómo reaccionaban los docentes frente a eso?
GGP.- Encontramos posturas muy diferentes.
Había quienes recibían esos datos, los valoraban y los utilizaban adecuadamente. Otros preferían no conocer información previa porque entendían que todos los estudiantes debían ser considerados iguales y temían generar prejuicios.
Esa preocupación es comprensible. Sin embargo, la realidad demuestra que las condiciones de vida son muy distintas y que esas diferencias impactan en los procesos educativos.
La discriminación positiva
LVF.- ¿Eso te lleva a defender la idea de la discriminación positiva?
GGP.- Sí. Soy partidaria de la discriminación positiva. Si los contextos y las oportunidades son diferentes, aplicar exactamente las mismas estrategias para todos no necesariamente produce igualdad. En cambio, generar apoyos específicos y medidas compensatorias sí puede acercarnos a una educación de mayor calidad y de inclusión. Eso es equidad.
No se trata de etiquetar ni estigmatizar. Se trata de reconocer que no todos parten del mismo lugar. Además, se trata también de visualizar y potenciar lo que el estudiante en ese momento es capaz de hacer. Tal vez no entienda bien una ecuación pero sí rinda muy bien en el área de lenguaje. Aplicar estrategias diferenciadas para potenciar las mejores habilidades de cada quien.
Por otra parte, cuando se asignan presupuestos para educación o salud, es necesario focalizar en los lugares de mayor déficit en cuanto a rendimientos académicos o niveles sanitarios, recogiendo datos de las comunidades ya sean de las instituciones o de las organizaciones civiles. Esto ayudaría mucho a la eficiencia educativa en la distribución de los dineros.
¿Cuida sus hermanos menores? ¿enfrenta situaciones familiares complejas?
LVF.- ¿Qué tipo de información considerás relevante para construir esas estrategias?
GGP.- Toda aquella que permita comprender integralmente la situación de cada estudiante. Importa saber dónde hace las tareas, si cuida hermanos menores, si tiene dificultades de transporte, si toma medicación, si atraviesa problemas de salud o si enfrenta situaciones familiares complejas.
Muchas veces los docentes ya conocen parte de esa realidad y actúan individualmente para acompañar a sus estudiantes. La pregunta es ¿por qué no pensar esas respuestas de forma institucional y colectiva? .
LVF.- También trabajaste durante muchos años en el Club de Niños Acuarela. ¿Qué diferencias encontraste respecto al sistema educativo formal?
GGP.- En el Club de Niños[2] trabajábamos con una escala mucho más pequeña: eran treinta niños y niñas, sus familias y un equipo reducido de adultos referentes.
Al estar insertos en el mismo territorio, la información circulaba con mucha mayor fluidez. Se sabía quién se había mudado, quién estaba atravesando una enfermedad o qué cambios se producían en las familias.
Esa cercanía permitía construir una mirada más integral sobre cada niño o niña.
LVF.- ¿Considerás que los Clubes de Niños son una forma de discriminación positiva?
GGP.- Sí, aunque habitualmente no se los considere de esa manera.
Los Clubes de Niños y los Centros Juveniles ofrecen apoyos educativos, recreativos y alimentarios a quienes enfrentan mayores dificultades sociales y educativas. Constituyen una forma concreta de compensar desigualdades de origen.
No contradicen el principio de igualdad. Por el contrario, buscan generar condiciones mejores para quienes parten de situaciones más desfavorables. Eso es equidad.
Saber de las trayectorias, las condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes
LVF.- Después de tantos años de trabajo, ¿cómo responderías hoy a la pregunta que da título a esta entrevista?
GGP.- Creo que la información, por sí sola, no transforma nada.
Lo importante es qué hacemos con esos saberes. Saber de las trayectorias, las dificultades, los vínculos y las condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes permite construir una mirada integral y diseñar mejores estrategias de acompañamiento.
Tal vez nunca podamos hacer todo lo que quisiéramos. Tal vez tampoco todo lo que deseamos. Pero sí podemos hacer más y mejor con los recursos que tenemos, con los conocimientos que hemos adquirido y con lo que aprendemos cada día en la convivencia cotidiana con ellos.║
[1] Nacida en Piedras Blancas, barrio al noroeste de Montevideo, en 1985. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de la República. Militante social y sindical.
[2] Asociación civil privada que trabaja según convenios con instituciones estatales.
Palabras clave:
Graciela Gomez Palacios
Lorena Vizcaino Fernandez
Igualdad
Equidad
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