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basilisco número 1, marzo 2026
x Sergio Taboada[1] (@libros.y.laberintos)

Ilustración de Freddy Taboada
Jugábamos criquet y después nos lanzábamos en grupos (con sed de conocimiento) al Museo Británico para estudiar los papiros egipcios. El árbol de la vida crecía frondoso y con sosiego. El Private-Eye Review publicaba nuestras bromas y nuestros deseos, a la manera de relatos sobre el crimen, donde figuraban calcos del detective de Edgar Poe.
Un día, mientras consultaba no sé qué catálogo en la biblioteca del Museo, fui testigo de un crimen: mi fiel compañero Cold Shot me arrastró hasta el sarcófago de Tutankamón-Ra y me hizo ver el futuro por el ojo de su momia.
Y hete aquí que vengo a contarles la Visión.
El invento más sonado del siglo XXI es la internet y su expansión crónica: puedes acceder a ella con una computadora y una suscripción mensual. Redes de información se transmiten en dominios que parecen inmateriales, pues ni “están” en la computadora ni figuran “fuera” de ella. Las “computadoras” ordenan datos infinitos y su naturaleza multitask suple a las viejísimas máquinas de escribir. Nada diré de los contenidos cibernéticos que pululan buscando aprobación en formas de “me gusta” y reacciones…: nada de ello pudo entrar a mi coco-cráneo victoriano ni lo hará ni siquiera con sablazos de machete afilado.
Los Estados todavía cultivan la guerra como forma de vida.
El colapso ecológico es inminente.
Las fábricas que tanto nos aquejan en nuestra era victoriana son valoradas con codicia y al mismo tiempo odiadas por el operario: se las exporta a países más pequeños y baratos para pagar menos impuestos.
El Imperio Británico perderá la “hegemonía” anglosajona frente al coloso que vio nacer a Walt Whitman.
Las politeía teóricas no son ya búsquedas del bien o lo mejor, sino un calco coyuntural de todos contra todos hobbesiano, ¡qué inventivos son los políticos del futuro!
Nada de esto, sin embargo, me preocupa tanto como la pérdida de la pujanza de las Artes de la Interpretación.
En el futuro, apretando unas teclas, todos los hombres sabrán más o menos sobre todas las cosas. Yo los llamaría “todólogos” de todo corazón. Este es el Gran Crimen: miles de millones de todólogos delegan a una máquina el increíble arte de interpretar. Creen ciegamente en lo que la Máquina sintetiza para ellos. Los relatos y la interpretación humanas entrarán en crisis constante: estoy seguro que esto obligará a los escritores de la vieja escuela a ser más extremistas de lo que jamás fueron.
¿Algo bueno habrá traído este colapso electrónico a los lectores radicales? Quizá sí… pero… porque no les importa quién escribe ni si el texto será leído o no, inventaron algo que ellos llaman Las Arañas del Internet (los crawler). Ellas rastrean todo lo que hay en el ciberespacio y tejen la telaraña más inmensa que jamás existió: cada cerebro o cognición que se aventura a “entrar” en la web tiene su lugar momificado y cada maniobra digital tiene un destino y un historial que es cuantificable y predecible. Estas arañas se comen el genio de la humanidad (porque organizan su destino): hacen girar a los seres en telares inextensos que ellos mismos crearon. Luego, la Máquina degüella su inteligencia, mientras devora los estados de “atención humana”. §§
Palabras clave:
Sergio Taboada
Chesterton
crawler
[1]Sergio Taboada nació en La Paz, Bolivia, en 1988. Su ensayo John Zorn, vorticista, fue Premio librevista de ensayo 2024.
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