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nº 67, diciembre 2025

Desde Rusia, sin amor

(Acerca de Aleksandr Duguin y las izquierdas contemporáneas)[1]

x Leo Harari y Alejandro Baroni Marcenaro


Kremlin de Moscú, Fuente: Wikipedia

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El filósofo ruso Aleksandr Duguin –a quien presta oído Vladimir Putin– se posiciona acerca de Occidente desde su gran madre Rusia[2] . Se pregunta qué más conviene a su progenitora. No parece alinearla con nadie. Desconfía. Pero sigue afirmando que Rusia tiene un destino imperial euro asiático. Para Duguin tres grandes bloques ideológico-geopolíticos mantienen tensiones y rivalidades y configuran el escenario político mundial contemporáneo.
En Occidente, para el autor, existe un primer polo ideológico que configura el “Estado Profundo” formado por las izquierdas dirigidas por el Partido Demócrata de Estados Unidos, el “globalismo” liberal de Soros, junto a los movimientos de género, étnicos y LGBTI+. Duguin une a todos en lo que otros caricaturizan como la ideología woke. Las izquierdas occidentales, anteriormente afines a la Unión Soviética, habrían degenerado en una especie hostil a Rusia. El "Estado profundo" controlaría la Unión Europea y una cantidad de instituciones en Estados Unidos.
Un segundo polo sería el lobby sionista, junto con neoconservadores y sectores pro-Israel, que incluyen una parte del movimiento MAGA y al presidente Donald Trump. Este grupo está fuertemente alineado con Netanyahu y es crítico del islam y China.
Finalmente, el tercer polo sería el “Pueblo Profundo” con movimientos populares como MAGA que, pese a contener cierta minoría pro-Israel, en general son críticos tanto contra los globalistas de izquierda como contra el lobby sionista, representando una postura independiente y nacionalista popular. Para Duguin, ese “pueblo profundo”, conformado con “los partidarios de la revolución conservadora popular, cristiana y tradicionalista” es el mejor amigo de la Madre Rusia.

Duguin entiende de batallas culturales y es metodológicamente irreprochable, pero cuando habla de masas y opiniones públicas se limita a sus afinidades y simplifica al resto. Creemos que el pensador ruso se equivoca y se resiste a ver que eso que llama Estado "profundo" se compone en realidad de diversidades que están a la vista, en la superficie.
Esas izquierdas occidentales que pone en el mismo saco de "Estado Profundo" tienen motor y potencial propio, más amplitudes que las que vislumbra Duguin y expresan múltiples sensibilidades. Parte de ellas se espantan cuando ganan los Milei, Bolsonaro, Bukele o Trump. Se enamoran de causas morales justas, pero también confunden a veces la política con la moral, no reaccionan decididamente ante millones de niños y adolescentes en la pobreza, o resisten a cualquier mínimo aumento de impuestos que toque su bolsillo, reniegan de la escuela pública y buscan tranquilidad en barrios protegidos pagando policía privada.
En otras agregaciones que suman a las izquierdas occidentales, la lucha se entiende como defensa identitaria, de género, etnia, clases, barrios, clubes de pares, corporaciones, cajas de jubilaciones privilegiadas de colegas más o menos legítimas, y suelen olvidar las condiciones de vida aceptables, seguridades, alegrías, obras y artes para todos, todas y todes.  Hay unas cuantas tribus... Algo así es el comportamiento de una buena parte de "las izquierdas".
En países donde se puede opinar y votar, su contribución en las urnas, dineros, saberes y contactos es necesaria para ganar elecciones. Su voto es imprescindible. Una izquierda “pequeñoburguesa” como se decía antes, vergonzosa excesiva, culposa del capitalismo y consumista a granel.


Para ganar elecciones las izquierdas necesitan además de otra fracción, la de aquellos que sienten aversión por el capitalismo pero no se preparan para sustituirlo. Que insisten en caminos ya fracasados. Son las que se refugian en la memoria de regímenes autoritarios y pueden menospreciar actas electorales transparentes. Duguin podría sorprenderse: no les falta admiración ideológica por el régimen de su madre. Gritan su pureza y un testimonial ineficiente para decidir rumbos de la polis. Se pintan los labios u otra cosmética para una sola fiesta, dentro de las paredes del Comité y pares confiables. Defienden a regímenes donde no se puede opinar.

Duguin, como buen nacionalista habla de “pueblo”. Pero MAGA (Make America Great Again) no es pueblo. Duguin no ofrece una visión sustentable del futuro, su supuesto “pueblo” es relativamente pequeño, inestable y defensivo. Los líderes que prefiere explotan y desaparecen, crean sus antídotos, ya hay mucho saber, poder y sentimientos distribuídos y conocidos.


Las "izquierdas" tienen más potencial que el nacionalismo cristiano conservador. Podrían seguir poniendo puntos de interrogación al populismo y dejar de considerarlo como un mal necesario. Abandonar su admiración por líderes carismáticos con vocación de eternidad en el sillón y corrupciones. Registrar que esas lealtades no se sostienen desde el fin de la guerra fría.


A las derechas consuetudinarias no se les puede reclamar estos cambios, a las izquierdas sí. Y en esto Duguin no mira bien, porque en sus abstracciones le desaparece la diversidad en las izquierdas, su mestizaje con las tradiciones y lo nuevo. El conservadurismo necesita de purezas, de reservas “profundas”, interiores rurales “profundos”, sangres, pueblos elegidos, clases con destinos manifiestos, líderes libres de elecciones, odios, defensas violentas sistemáticas. Las izquierdas occidentales no se afilian necesariamente a esas purezas ni a los globalistas “de izquierda”, a algún heterogéneo grupo de multinacionales, a servir a las plataformas de la información o someterse a algún tecno feudalismo parcial o un colonialismo mental. Las contingencias las pueden llevar, como ha ocurrido ya tantas veces, a sumar sus acciones, votos y movimientos a las luchas democráticas, a permitir triunfos electorales y sanciones de leyes equitativas.

Para las izquierdas democráticas, el campo está abierto y frente los ojos. Mejor mirarlo bien. ¿Redescribirlo?: algo de internacionalismo, toques de patria sentimentales, amor por la camiseta, libertades individuales, pluralidad política, cuidado de ambiente, mestizaje de lo viejo y lo nuevo, humanismo, creencias diversas, laicismos, producción con fines sociales y tecnologías adecuadas, rechazo a las pobrezas, afiliación a tolerancias de lo diverso, género, etnia, sexualidades, vivienda, salud, educaciones adecuadas, investigaciones en curso, amor por la experimentación, equidades, diversiones, aversiones a líderes eternos, grados de desconfianzas en el poder, rechazo de corrupciones, de guerras imperialistas. Sensibilidades. Inocencias necesarias. Ambiguedades indispensables. Cuidando esas guías y otras, en ese enorme espacio encuentran su lugar los énfasis y tomas de partido, los subrayados, los intereses particulares, los gustos, las inclinaciones. Que cada quien elija sin violencia si se puede.

La mayor parte de estas cosas están en la superficie, prohibidas o impedidas por la Madre Patria de Duguin y también por el MAGA.║

 

Palabras clave:

Leo Harari
Alejandro Baroni Marcenaro
Aleksandr Duguin
Nacionalismo
Izquierda


[1] Texto completo de la versión publicada por el Semanario Brecha, 14/11/25.

[2] https://www.geopolitika.ru/es/article/occidente-se-ha-dividido-en-tres-partes/ (octubre 2025)

 

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