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nº 69, abril 2026

Contingencia e ilusión

x Alejandro Baroni Marcenaro



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Al menos podría sostenerse una negativa a la guerra.
Es una ilusión sometida a la contingencia.
El anaranjado trompeta provisorio de la Casa Blanca debe caer urgente. Está en manos de la ciudadanía estadounidense –esa tan autorreferente– hacerlo. Y ojalá elijan bien a su sucesión.
Ahora bien, los enemigos del agresor no son necesariamente amigos. No existe una guerra mundial militar. No hay que entrar en ese juego de dicotomías.
No existe ya una guerra “fría” entre bloques.
Ya no debería funcionar la idea del “enemigo principal” o “fundamental”, “por etapas”, según una epistemología de manuales de las contradicciones caídos.  La simultaneidad es lo contemporáneo, las oposiciones múltiples son la regla.
Este texto es una invitación a mirar esas oposiciones múltiples, vivirlas y a actuar desde las ilusiones propias.

 

Ilusiones-entusiasmos-esperanzas-delirios

Se esfumaron-diluyeron las ilusiones fuertes del siglo 19 y 20. Se vive una intensa batalla cultural–lucha de ideas–lucha de ilusiones– entre las ilusiones-entusiasmos-esperanzas-delirios emergentes al siglo 21. Las izquierdas contemporáneas amplias ─la denominación socialista se omite deliberadamente aquí por su ya demasiada carga de experiencia negativa─ las izquierdas han estado a la ofensiva por décadas y están recibiendo reacciones, algunas muy violentas, que disputan sus ilusiones, que han puesto a muchos participantes de esa expansión a la defensiva, en la angustia, el pesimismo, el nihilismo, el culto del apocalipsis, la reclusión en burbujas humanas y territoriales, en la micropolítica falsamente opuesta a la macropolítica, esa, la gran política decisiva.
Este texto invita a la proyección individual en lo colectivo, ofensiva, con la mirada amplia hacia el mundo, cada vez más uno solo, incluyendo todas sus diversidades.
Invita a construir arquitecturas del pensamiento y sentires internas, personales, que aguanten las noticias del mundo oscuro y florezcan cuando el mundo brille.

 

¿Forzados a ilusionarse con un dios en la Casa Blanca, un ayatolá o un partido único?

Suena rara esta pregunta. Es esperable que la derecha usual, antiliberal, consuetudinaria, reactiva, todo ello incorporado en su cuerpo y células, se ilusione tras del invasor “occidental”, que una etnia hecha Estado colonizador, aterrorizada, se entusiasme con el exterminio de otra, o que alguien “antioccidental” fundamentalista deposite esperanzas en un régimen teocrático islámico.
Pero, ante la ofensiva reactiva militarista y económica, ¿es creíble que esperanzas estén puestas en la resistencia militar, en desarrollar la propia bomba atómica, (“sí que destruye pero es la mía”), en ilusionarse con regímenes étnicos, teocráticos y dictatoriales? ¿Que la tradición de lucha de los proletariados, explotados, de quienes cantan con emoción Bella ciao en abril, de las nuevas ciudadanías propositivas de nuevos derechos, los pueblos, las multitudes resistentes y creadoras sea sustituída por la ilusión puesta en regímenes represores, enfrentados circunstancialmente al gran hegemón invasor?
¿Puede que se hayan perdido reflejos básicos?
¿O son ilusiones abonadas por viejas teorías que resurgen con otros lenguajes y urge abandonar?
En este texto se responde sí a la última pregunta.

Tal vez ya claro, aquí ilusión es algo así como sinónimo de entusiasmo, esperanzas y deseos, parciales, efímeros, fundados, sin pretender constituir utopía, palabra más vinculada a un no-lugar societal, o a una tierra prometida impuesta a sangre y fuego. Es incluir a la ilusión como acepción de espejismo, alucinación, interpretación volada, quimera, fantasía, alienación, subrayando –sin borrar lo anterior– la acepción de ilusión como esperanza, entusiasmo, deseo y algún delirio.
Una de las ilusiones persistentes que no ha desaparecido es la confusión deliberada entre los habitantes de un país y su régimen político o entre un país y sus gobernantes. No es posible atender aquí a más distinciones entre sistema político, institucional, régimen, sociedad civil, que introducirían adicionales complejidades. Ahora bien, ¿de quién se habla cuando se dice “Estados Unidos”? ¿del ejército? ¿el complejo militar-digital-industrial? ¿la Casa Blanca?
¿?.

Que existan conexiones y alimentaciones, votaciones, corresponsabilidades y oposiciones entre la población y su régimen es obvio, pero la distinción urge. Estados Unidos, Israel, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela, Uruguay, ¿son actores? ¿únicos actores? “Rusia invade Ucrania”, “Estados Unidos bombardea Irán”. ¿Qué pensarán aquellos cien millones, nada menos que la mayoría relativa, que no votaron por Trump ni por Harris en las últimas elecciones? ¿Qué estarán sintiendo los ochenta y ocho millones que votaron a Putin en 2024 (el 88 %) acerca de la guerra? ¿hablarán de “nosotros estamos en guerra”?  ¿Qué estarán pensando los iraníes que votaron alguno de los partidos aceptados por los ayatolas, y que no pudieron votar a censurados por el régimen teocrático?
¿Habrá que pensar más en las gentes que en los Estados?
¿?.    

 

Choque de ilusiones

A poco de la caída del Muro de Berlín, y la implosión de la Unión Soviética, en 1996 Samuel Huntington publicó su libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Allí menciona nueve civilizaciones (subsahariana-africana, latinoamericana, sínica o confuciana, hindú, budista, nipona, occidental, eslava-ortodoxa e islámica) y sostiene que:
“las líneas divisorias entre las civilizaciones serán los frentes de batalla del futuro”.
Para él, la religión reemergente es el elemento definitorio de una civilización, que choca culturalmente con las otras. Occidentalista convencido, y preocupado por sus Estados Unidos, ha sido leído como un abanderado del imperialismo occidental por intérpretes aún sorprendidos por la caída de la mayor potencia del socialismo real.
Sin embargo, en su libro sostiene que el mundo es multiculturalista sin remedio y su propósito es alertar acerca de un Occidente que pretenda “occidentalizar” el mundo. Dice:
“En el mundo que está surgiendo, de conflicto étnico y choque entre civilizaciones, la creencia de Occidente en la universalidad de su cultura adolece de tres males: es falsa, es inmoral y es peligrosa”.
Y capta el riesgo de si se quiere expandir a civilización occidental, pues serás imperialista:
“Si las sociedades no occidentales han de ser configuradas una vez más por la cultura occidental, tal cosa sólo sucederá como resultado de la expansión, despliegue e influencia del poder occidental. El imperialismo es la necesaria consecuencia lógica del universalismo”.

No es posible discutir aquí debidamente la tesis central del libro, aunque pueda prologarse su concepto cerrado e incomunicado de civilización, y el descarte de la mestización galopante cultural. ¿En qué civilización podría ubicarse a los latinos que votaron por el anaranjado y se alistaron en la ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) con su cara tapada por las dudas, para perseguir inmigrantes que venían de sus mismos países de origen?
Adecuadamente argumentada, debe anotarse la descripción de Huntington de la guerra asesina en los Balcanes y la disolución de Yugoeslavia como un ejemplo de choque de civilizaciones, sin excluir otros argumentos como los cambios demográficos.
La preocupación mayor de Huntington es el multiculturalismo al interior de los Estados Unidos. Fiel a su idea rígida de fronteras culturales-religiosas, él rechaza dentro de fronteras lo que admite como irreversible en el mundo.
Luego del ataque islámico a las Torres Gemelas en 2001, escribió el muy discutible y paranoico libro ¿Quiénes somos nosotros? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense (2004) referido a la inmigración principalmente hispánica mexicana como un desafío a la cultura anglo-sajona protestante. Dicho lo anterior, en ese libro Huntington no deja de advertir las siguientes opciones muy actuales:
“Elementos significativos de las elites estadounidenses están dispuestos favorablemente a que Estados Unidos se convierta en una sociedad cosmopolita. Otras élites quieren asumir un rol imperialista. La enorme mayoría de los estadounidenses están comprometidos con una alternativa nacional y la preservación de la identidad estadounidense que ha existido por siglos. Estados Unidos se convierte en el mundo. El mundo se convierte en Estados Unidos. Estados Unidos permanece como Estados Unidos. ¿Cosmopolita? ¿Imperial? ¿Nacional? Las opciones que los estadounidenses hagan modelará su futuro como nación y el futuro del mundo”.

El punto débil de la obra de Huntington es que no percibe la creciente mestización de las creencias y culturas en el mundo y entre fronteras cada país, que las batallas de ilusiones son porosas, tomándose elementos de una y otra cultura. Las resistencias de las derechas antiliberales contra la interrelación y transculturación pretendieron hacer caudal exclusivo de sus textos.

Un punto que interesa para este ensayo sobre la ilusión contingente es la fuerte convergencia entre esa rigidez culturalista-étnica-religiosa de Huntington con las teorías de la multiculturalidad en su versión estanca identitaria cultural-étnica-religiosa, esa ilusión debilitante que ha colonizado a algunas izquierdas.

 

El camino, obra de Luce Fabbri (1952) propone su camino ilusionado

Las diversas corrientes anarquistas han sostenido la ilusión de la desaparición del Estado ya. Han visto adecuadamente al Estado como una institución que se atribuye y le es atribuído el derecho de la fuerza y la represión a quien se le oponga. No la han visto a la vez como un producto societal ─una convergencia social, generalmente impuesta, en aspectos acordada, que siempre es dominio de una parte sobre otras, que puede ser más o menos amplia o bien una burocracia de color negro, pardo, anaranjado o rojo. Y han señalado premonitoriamente que si se conquista el Estado para dominar a la polis lo único que se consigue es más burocracia y represión. Sus múltiples advertencias están vigentes, aunque su menosprecio dogmático y excluyente por la política “burguesa” y sus partidos, una actitud estanca ante instituciones que califican identificadas determinadamente con una clase social, su concepto de la política de grupos más o menos reducidos, “conscientes y decididos”, heroicos, les debilita sus políticas. No obstante lo anterior, muchas de sus advertencias quedaron, la lucha libertaria y la ilusión de una democracia desde abajo está viva como el ave fénix.

La profesora y militante anarquista Luce Fabbri, aún en presencia del stalinismo (1952) publicó desde Uruguay El camino (La strada)[1] un manifiesto en italiano dirigido a ese país. En el mismo año, las Juventudes libertarias del Uruguay tradujeron el libro prologando sobre el apoyo popular al militarismo:
“En todos los rincones del mundo se ven chocar las consignas simplistas y falaces que lanzan los gobiernos empeñados en ganar el apoyo popular para la causa militar de la Unión Soviética o de los Estados Unidos…”
Y retitulándolo: El camino, hacia un socialismo sin Estado: en cada paso la realidad de la meta .
El libro de Fabbri es original, sorprende aún a sus camaradas cuando sostiene la confluencia libertaria con la tradición liberal y presenta a Thomas Jefferson como un liberal y a los jacobinos (y bolcheviques) como dictadores. En momentos del siglo 21 que el liberalismo menospreciado en las izquierdas está siendo cuestionado en los centros de poder, ella se adelantaba:
“En la construcción de mi sistema de ideas, en este momento el anarquismo se coloca en la confluencia de la tradición liberal y de la tradición socialista. Hay en las dos experiencias históricas del liberalismo y del socialismo un elemento negativo (estatal para el segundo, capitalista para el primero) que ha desembocado en el fracaso de la democracia burguesa y del variado socialismo de Estado; y hay un elemento positivo que no ha sido borrado de la historia reciente y se presenta hoy (o se me presenta) como la conclusión lógica de dos siglos de lucha, entusiasmos y desilusiones”.
Y rechaza el “socialismo científico” autoritario y la teoría dogmática:
“Todos nuestros conceptos sobre el desarrollo de la historia se encuentran en crisis. La vida se desliza por entre las mallas de las construcciones teóricas, escapa a las clasificaciones y niega a cada paso las generalizaciones y las síntesis. Sentir esta multiplicidad, significa sentir el valor que para la vida tiene la libertad (que hace posible la variedad infinita). El reconocimiento, el respeto de esta variedad es el camino maestro del liberalismo. Digo liberalismo y no democracia: esta última es dominio de la mayoría, mientras el primero es esencialmente respeto por la minoría, valorización del individuo (microcosmos que refleja en si la dignidad del macrocosmos), esfuerzo por permitir a cada uno la máxima posibilidad de desarrollo, de autodeterminación, de iniciativa ─esto es: de responsabilidad─, conciliando estas posibilidades con las necesidades colectivas por medio de la descentralización y las múltiples autonomías. Los jacobinos eran democráticos y dictadores; Jefferson era democrático y liberal”.

La autora, en gesto inusual para militantes que tienden al mito, glorificación y utopías como el “reino de Dios”, el “ario” o el “hombre nuevo” –puertas utópicas comprobadamente abiertas al crimen, como afirma Marcelo Viñar[2] –  presta su atención a la acción/conocimiento/observación dura, y subraya las dificultades antropológicas y psicológicas que presentan las variedades humanas, como la “voluntad de poder” y las “servidumbres voluntarias”[3] :
“Vuelvo aquí sobre un concepto que me es querido, porque me parece llegado o, más bien retornado, el momento de hacer de él el eje de nuestra tarea de propaganda. Estoy más que nunca convencida de la importancia enorme que tiene en la historia la voluntad de poder, que está en germen en el aspecto expansivo del instinto vital, y existe tanto en el individuo como ─colectivamente─ en la especie. …Esta forma morbosa o bestial de la voluntad de poder consiste en el deseo individual de dominar a los demás en el placer, muchas veces sádico, de doblegar la voluntad ajena, de poner el pie sobre las cabezas ajenas inclinadas. Este deseo no es individualista más que en las personas que ejercen tal poder; los demás constituyen eso que se llama la masa, en la cual el individuo por ese espíritu de servidumbre voluntaria que frecuentemente no es más que el ansia de poder reprimida, se anula a sí mismo”.

 

La ilusión de no dejar hacer

En sus Manuscritos de economía y filosofía (1844) Marx dice que en el capitalismo el trabajador se aliena del producto de su trabajo, del proceso productivo, de sí mismo, de la naturaleza y de otros seres humanos. El trabajador se convierte en un engranaje banal del sistema, “el proceso por el cual las personas se vuelven ajenas al mundo en que viven”, produciendo un “alejamiento del yo”, un “proceso de enajenación”.
Esa alienación detectada en el siglo 19 se ha diluído y transformado. Miles de millones de veces repetida la palabra capitalismo, hace aflorar y rodear su idea, con múltiples interpretaciones comunes y académicas. Conscientes del manejo digital de las grandes corporaciones, se las deja hacer. Al monopolio de la moneda, se lo deja hacer. La enajenación existente tiende a ser vislumbrada, aceptada, rechazada, mediada, regulada. La información circulante, la descentralización productiva, la producción autónoma de tantos individuos y pequeños colectivos contribuyen a visualizar mejor el producto del trabajo propio, a delimitarlo, a verlo integrarse sin vuelta en los procesos más amplios y globales. Como que el productor deja de ser un engranaje simplemente banal de un sistema que lo enajena de su ambiente. Lo que parece haberse acrecentado es la disposición a dejar hacer, a algo así como lo que Étienne de La Boétie denominó como servidumbre voluntaria, o mejor, a seguir la corriente y resistir, si cabe-se quiere-emerge, en pequeños episodios para la multitud pero grandes para la comunidad.
La promoción, responsabilidad y ejecución de guerras está a la vista de quien lea, mire, aunque sea en fragmentos de texto e imágenes efímeras. El enriquecimiento, el dominio democrático o autoritario están en la superficie, como no lo estaban hace dos siglos.
Hoy los perros de la guerra investigan la opinión pública antes de lanzar las bombas. Estudian cómo influirla de tal o cuales maneras, con éxitos y fracasos. Lo que se piense por ahí es un arma decisiva-ofensiva-disuasoria.  La guerra es la extensión de la política con otros medios, dijo el teórico militar Clausewitz, la lucha de ilusiones es la actividad que puede frenar la guerra, dice este ensayo.

 

Ejercer la libertad en su contexto entusiasma

Un Estado puede ser religioso, laico, teocrático, centralizado en un partido. Va a influir fuertemente en sus ciudadanos, empezando porque tiene el monopolio delegado y legal de la fuerza. En las tradiciones occidentales se sostiene la libertad individual constitucional más o menos junto con la comunidad según diversas tradiciones, en China se sostiene un orden que proteja del caos, la inseguridad y guerras civiles vividas, en países islámicos está el dominio religioso aparentemente difícil de disolver.
¿Quiere esto decir que debería renunciarse a elegir el modo de vida que se crea mejor porque cada cual tiene derecho a vivir como quiera o le toque? No. Thomas Jefferson dijo que no tenía ningún problema en que su vecino creyera en veinte dioses o en ninguno, queriendo afirmar la separación de la religión del Estado (hoy burlada) ¿Esto quiere decir que las instituciones occidentales deben necesariamente extenderse al mundo? No. Las Constituciones pueden variar, las instituciones representaciones también, los procesos electorales ídem.
La ilusión de la libertad contextualizada tiene dos líneas rojas: que la diversidad de creencias e ilusiones activas no sea penada con represión y cárcel, y que quien perdió el gobierno tenga la oportunidad de ganarlo en la próxima, en plazo corto.

 

La ilusión de votar partidos democráticos servidores

Tan grande es la desilusión –particularmente en Argentina– acerca de los partidos políticos democráticos que un investigador jurídico, constitucionalista y docente universitario como Roberto Gargarella sostuvo en marzo del 2026 algo que ve sin remedio:
la irremediable crisis que afecta a los partidos políticos y que, indirectamente, pone en jaque a la democracia representativa, tal como la conocíamos”.
Y lo fundamenta en que todo cambió, como que está multiplicado:
“Mientras que, décadas atrás, podíamos hablar, razonablemente, de clases sociales, con intereses más o menos comunes, hoy nos encontramos con intereses absolutamente dispersos, heterogéneos, de ninguna manera uniformables. Las viejas clases se disolvieron, y nuestros intereses (ie., culturales) relevantes se multiplicaron”.
Las observaciones de Gargarella son adecuadas, la sociedad y la política cambiaron, las clases no son ya las del siglo 19 y mediados del 20 y los intereses culturales están multiplicados. El punto de discrepancia es su conclusión de algo así como la muerte general de los partidos políticos:
“de que se hayan convertido en cajas vacías, sin contenido social, y necesitadas de causar escándalo o arrojar fuegos artificiales al cielo para atraer la momentánea atención de algunos”.  
Es claro que ya no puede haber solamente partidos de clase o de alianzas de clases como hubo, sino que está operando un nuevo tipo de partidos (un partido aspira a constituir una parte de la opinión en la polis, a presentar una opción, como afirmaba Héctor Gómez (Piolín) a quien quisiera escucharle, con o sin venda en los ojos, en el Penal de Libertad uruguayo) que pueden arrastrar tradiciones y principios portando una solidez flexible ante problemas emergentes y cambiantes.
Pueden no representar durante años a una persona o comunidad, pero la ilusión es que puedan acompañar y gobernar sirviendo, plenos de convicciones, investigación, transparencias y rendición de cuentas.

 

La ilusión del estado-nación integrado al mundo

Entre el 2 y el 4 de abril, se realizó entre las comunidades y pueblos zapatistas mexicanos El Semillero Abril del 2026, titulado "La Tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas", en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
La tercera sesión del Semillero incluyó una ponencia del Capitán Insurgente Marcos (ex Subcomandante Marcos al inicio del Ejército Zapatista de Liberación Nacional) titulada Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: Los Estados-Nación bajo ataque, en video entre el minuto 9 y el 55.
No es posible abordar aquí un relato adecuado de una historia de tres décadas del zapatismo. Puede apuntarse que la liberación nacional del Ejército zapatista ha sido reformulada. Para Marcos hoy:
“La víctima principal de la etapa actual del capitalismo es el Estado-Nación que ahora ya no tiene ninguna capacidad de decisión…La soberanía es un chiste mal contado”.
Marcos se recorta las manos. Refugiado en las comunidades zapatistas territoriales, aún con visibilidad y difusión de ideas restringida, Marcos ve ahora adecuadamente la imposibilidad de la “liberación nacional” de un país, ante la globalización y transnacionalización contemporánea. Ahora bien, de ahí a que no tenga “ninguna capacidad de decisión” hay una distancia. La posible toma de decisiones está sujeta a la mayor o menor concurrencia de personas, instituciones, comunidades, asociaciones, al Estado-nación. ¿Qué tienen en común los Estados nación hoy agredidos e intervenidos? Su importancia estratégica en riquezas y sus debilidades institucionales, particularmente sus grados de dictadura debilitantes. Son los eslabones más débiles de la cadena de Estados-nación.

El Estado, un conjunto de instituciones que ejerce poder y tiene el monopolio legal de la fuerza no será más fuerte necesariamente porque sus fuerzas armadas sean muy potentes. Será capaz de tomar decisiones si sus bases de apoyo sociales son amplias y bien fundadas en el juego democrático, transnacional, liberal y libertario.

 

Preguntas y respuestas (sobre las ilusiones)

¿Qué le entusiasma a Usted?
Me volví algo selectivo y al mismo tiempo inclusivo de muchas cosas

¿?
Eso, lea de nuevo.

¿Elige e incluye?
Sí.

¿?
Si encuentro a alguien de tez oscura, no le digo negro necesariamente, le digo el color que me parece puede ser. Si veo a alguien de labios rojos, digo un color que se le aproxime. Si escucho un sonido, le incluyo alguna escala de sus inmediaciones.

¿Le entusiasma-ilusiona la solidaridad y la sororidad de género?
Sí me entusiasma. Hay machirulismos pendientes insoportables. Hay feminulismos que ahora tienden a anular las conquistas y oportunidades creadas por los feminismos con tanto esfuerzo. En ajuste, ambos fáciles de ver. Agregaría con cautela que hermanarse genéricamente –según femenino, masculino u otro– es de corta vista, no se sostiene una visión que no incluye la diversidad de género, prácticas sexuales y sus interrelaciones, las trans-relaciones que construyen lo común y fortalecen lo diverso.

¿?
La dogmática de la igualdad es una tontería. Ni las constituciones deberían sostenerla.

¿??
En una comunidad, familia, país, y así, que los trabajos al alcance de cualquiera se repartan igualitariamente, y que cada cual haga lo que hace mejor, en lo posible.

¿Le entusiasma el cuidado del ambiente?
Desde luego, el ambiente es el planeta y todos aquellos que estamos acá.

¿No le parece repetido lo que dice?
Puede ser, insisto en que es momento de ver todas las cosas juntas, dije todas.

¿Se puede?
Expresé un deseo, hay que darle la oportunidad. Los cerebros de cada quien se están preparando. Ojo cuando se junten unos cuantos cerebros con potencial de amplitud. Tienen que ser bastantes.

¿?
Si desilusionan las sociedades humanas, o aún las animales, en el siglo 21 por eso no vamos a encerrarnos en burbujas, islas, territorios, o en una lucha en una dirección, aunque ella sea muy válida en sí misma, como la tecnología, el ambiente, el género, la productividad, la paz contemplativa, la lucha de clases, la elección de un motor de la historia, el capitalismo innovador, el dios mercado,… son solo direcciones, cada una importante en su contexto. ¿Pasaron tantos siglos sin aprender algo? Abrir la cabeza me ilusiona.

¿??
Sigo, los gobiernos de partido único, étnicos, confesionales o teocráticos no me ilusionan nada. Admito que existen, que hay gentes que los prefieren, que mueren por un ayatolá, un orador o la nostalgia de un padre. No voy con ellos en ésa.

¿???
Es raro que se hagan matar por eso. Sorprende.

¿Y qué más?
Me ilusiona el abandono del autoritarismo centralizado económico y de la religión de la mercadolatría. También me gustaría un ajuste de la vieja regla socialdemócrata, que decía “tanto mercado como sea posible, tanto estado como sea necesario” por algo más imperativo que distinga la iniciativa individual de la iniciativa rotulada capitalista. Podría ser “tanto mercado como sea necesario para la iniciativa e innovación, tanto estado como sea necesario para la equidad e innovaciones imprescindibles que el mercado ve y no encara”.

¿?
Cuando ya no sea necesario que el Estado deba actuar sistemáticamente por la equidad, y exista mucha iniciativa individual con proyecciones colectivas, es que se estará abandonando al capitalismo como forma de vida.

¿Le ilusiona la idea de un ingreso básico universal?
Sí, comenzando con niños y jóvenes, para ellos un ingreso alto universal, no básico.

¿Qué piensa de los que promueven guerras?
Los perros de la guerra deberían ser obligados a mandar al frente a sus seres queridos junto con los contratistas de mercenarios. Y lo mismo los investigadores en armamento y sus familias.

¿?
Que conozcan mejor sus productos, a probar las bombas in situ.

¿Qué más?
Desnuclearización del armamento en todo el mundo. Desarme químico y biológico. Solo la demencia dictatorial puede pensar en la construcción de una bomba nuclear ante los arsenales que ya existen. El Irán teocrático se puso en el punto de mira. Es un David ante Goliat, y no confiable. El colonialismo y dictadura étnica del actual estado israelí es una bomba nuclear de tiempo, por fuera del control de las mayores potencias y de las instituciones multilaterales. Aguardo a otros israelíes.

¿No le parece que está en una burbuja?
No sé. Es no tomar partido entre opciones dictatoriales y militaristas.

¿?
La defensa civil consiste en negarse a poner el cuerpo en los campos de batalla, la negativa a usar armas de destrucción masiva, la resistencia a la fábrica de armamentos. Inseparable de lo anterior, apoyar la formulación de inteligencias artificiales que disputen con las arquitecturas y usos militares de las inteligencias artificiales imperialistas. Desarrollar el soft power civil, el poder blando de las opiniones y las ideas, tan cortejado y temido por agresores y tecnócratas de Silicon Valley, Shenzen, Silicon Wadi en Tel Aviv, Skólkovo de Moscú, y similares por ahí. La persuasión por ideas sigue siendo determinante.

¿Alguna otra ilusión?
Que se legisle el voto obligatorio a la presidencia en Estados Unidos. Que se dejen de dejar hacer. También en China, en temas puntuales y escalando, que no dejen tanto que el cielo y el partido los ordene.
 
¿?
Que se suspendan las extracciones de petróleo y el extractivismo de las materias primas destinadas a las nuevas tecnologías energéticas y digitales.

¿Se volvió idealista?
Idealista-materialista. Prefiero hablar de cuidador de la vida.

¿Por qué menciona tanto a la equidad?
Sí, con una base adecuada de sobrevivencia y buena vida, me interesa tratar al desigual desigualmente.

¿?
La igualdad pertenece al siglo 18 y 19 y a manuales pretéritos. La equidad es contemporánea y es la que tiene potencia para sostenerse.

¿Le molestan las grandes riquezas en poder de unos pocos?
Sí, mucho. Agrego que más me molestan las grandes pobrezas que se extienden a unas mil millones de personas, más los desplazados y migrantes forzados. Y los civiles exterminados por las guerras.

¿No es que grandes ricos y ricas les roban a los pobres?
Sí y no.

¿?
Algunas riquezas privadas provienen de la innovación, la propuesta y la gestión de sus propietarios. No se ha logrado al momento sustituir muchas de esas acciones privadas por otras colectivas mejores, equitativas, operando en gran escala. Conviene distinguir a aquellas que generan valor y oportunidades de esas riquezas que son heredadas o producto de la especulación sin agregado de valor, o las que promueven guerras por las materias primas. Esas sí generan pobrezas de todo tipo, por ejemplo la hipoteca impagable de las viviendas y los desplazamientos migratorios. Las pobrezas que son producto del extractivismo y semiesclavitud bajo guerra no necesitan comentario.

¿??
Hay que buscarle la vuelta para que la mayor cantidad de gente se convenza de la necesidad de frenar las riquezas especulativas, guerreras y evasivas de responsabilidades ambientales e impositivas. Sin eso, es imposible reducirlas. Dicho lo anterior, mi mayor ilusión es erradicar la pobreza, con acciones y planes orientados y reorientados por gente que sabe cómo hacerlo.

¿Alguna otra ilusión?
El abandono de la teoría cuantitativa que dice: en este país hay democracia, en éste dictadura, en el otro hay democracia híbrida. Abrazar el pensamiento concreto, cualitativo, y afirmar que siempre hay grados de dictadura que hay que reducir, e identificarlos. Por ejemplo, un país que no conoce los ingresos financieros de sus partidos políticos tiene una democracia electoral y un grado de dictadura partidaria importante.║

Agradecimientos: a Graciela Gómez Palacios


[1] https://www.bibliotecaginobianco.it/fliplibri/STRA-FAB/8/ (abril 2026) Las traducciones de librevista de citas del libro están basadas en la edición uruguaya con algunas revisiones, consultando el texto italiano.

[2] https://www.librevista.com/marcelo-vinar.htm (abril 2026) Dice Viñar: “Lo que promueven las utopías de izquierda y derecha son soluciones globales y mágicas, el hombre nuevo, el ario puro, eso de creer en un cero de la historia, en el hombre nuevo, ha sido la puerta de entrada al crimen”.

[3] La autora no menciona referencias autorales explícitas en su libro. Sin embargo, La voluntad de poder de Federico Nietzsche y el Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boétie están presentes.

 

 

 

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Alejandro Baroni Marcenaro
Contingencia
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