x Gastón Berrospe

Crónicas de cualquier sitio

uno

¿Cuándo lo anormal se convierte en normal?

¿Cuándo acepto lo perverso como natural?

¿Cuándo me acostumbro?

Ya es cotidiano ver a los pibes del barrio deshilacharse, desgranarse camino al matadero.

En la calle se ha hecho un surco, una pasarela para el desfile de la decadencia.

Botijas de once, doce, muchachos de dieciocho, veinte, tipos de treinta y más. Todos camino a la Meca y procurando la bendición van llevando parafernalia para el trueque.

Pasa el Loquillo con una bici, Eduardo con un water en el hombro, Germán con la garrafa de trece, el Punki con el encendedor en la mano, dando dos, tres, cuatro pasos y mirar para atrás por las dudas, cinco, seis, siete, otra por si las moscas...

Y el regreso triunfal, con el botín en la derecha, apretando el paso y con vidrio en los ojos.

Es el camino a la boca, a la del lobo, a la de la lata.

dos

Un barrio como cualquiera, humilde, de gente trabajadora, que con todos los palos de la realidad ha ido perdiendo lugar en el mapa. Donde en vez de almacenes abren cada vez más kioskitos 24hs... de droga. Siempre hubo, pero ahora es distinto. El rubro daba para "variopinto" y en lo del Cachorro estaba la mejor merca, Estrella vendía faso, Zama (el hijo) crecía lentamente ofreciendo cocaína mas barata. El Chivo traía buena marihuana paragua. Todos se mantenían y, en pocas cuadras a la redonda, convivía un submundo donde todo parecía funcionar. Sin robos, sin abuso, la cuadra se cuida ¿OISTE?

Pero de a poco el paisaje va cambiando, la crisis liquida a muchos y alimenta a otros. Los engorda.

La pasta base es relativamente nueva en nuestro narcomercado interno. Cinco o seis años tal vez. Pero como velocista de olimpiada se ha colocado en los dos últimos años en los primeros lugares del drogotop. Las bocas que antes vendían cocaína a un precio que rondaba los 200 mangos el gramo vieron que con la pasta había otra clientela.

A veinticinco pesos la dosis, "el chasquiboom", la historia es otra. Los pibes llegan. ¿Hay faso? No, no se consigue, tengo base ¿sale? Quien busca agite, zafe o calmar el caos, se prende. Y se prende. Y no larga la teta.

"El faso ocupa mucho espacio, tiene mucho yeiro y camina despacio", comenta un vendedor que antes movía marihuana pero que ahora optó por el cambio.

La lata engancha. El flash es inmediato, intenso. Pero así de rápido se baja. Y querés más. No hay vuelta. No hay cuco ni nada. Creo que por primera vez el miedo es real. No sobredimensionado. Esta droga, hecha con el descarte, con el fondo de la olla, con los restos del guiso quemado, se prende al sistema nervioso y lo estrangula.

tres

Algunos de los gurises que han intentado zafar del vicio arrancaron a voluntad para REMAR y la verdad es que todos, sin excepción, han vuelto al gueto. Unos pasaron dos meses, otros tres. Trabajando en las quintas de Paysandú, o en los ómnibus, ofreciendo calcomanías y volantes con información sobre la institución, a voluntad. Pero tarde o temprano se cansan, la biblia los quema. No encuentran contención. De regreso al pago, que está un poco peor que cuando se habían marchado. Se toma más, se fuma más, se roba más, mucho más. Te roban las plantas del frente, la ropa de la cuerda, te arrancan la reja y entran. Todo lo trafican en la boca de la esquina. No hay criterios. El fulano no cuida la cuadra, el que esta perdido no piensa.

cuatro

Nadie hace nada. Suena como el eslogan de los vecinos. La cana no se mueve. Pasan a buscar la cometa justo frente a la iglesia evangelista "CRISTO SALVADOR" que está a la entrada del cante, en justa diagonal con el almacén de veneno.

cinco

Crece desde el pie.

Y una generación se está jugando hasta las medias, sin poder diferenciar lo claro de lo no tanto.

Sigo buscando respuestas.

El vacío es tan grande que asusta.


adíe