www.librevista.com nº 57, enero 2024

El pulpo de los ocho mil millones de tentáculos

x Alejandro Baroni Marcenaro

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Pulpo en vasija de cerámica minoica (circa 1.500 a.C.) imagen en Wikipedia

Los cefalópodos incluyen a los pulpos, originales animales que causan admiración y temor desde la antiguedad. No tienen una estructura ósea, dispersan sus neuronas en los tentáculos que así logran cierta autonomía, las hembras guardan el esperma para la mejor oportunidad, el gusto por el juego no les falta, poseen capacidad de destrucción de sus semejantes, visión adaptada a la oscuridad profunda, memoria de largo plazo, los pulpos jóvenes no aprenden de sus progenitores quienes solo atienden los huevos hasta que eclosionan, y desafían la dicotomía entre forma y contenido.

Hace unos años, sin suerte, se le sugirió a la Facultad de Ciencias que se incluyera a los cefalópodos en la ordenanza sobre el cuidado de animales de experimentación por considerarlos animales sintientes que experimentan dolores y alegrías.

Parece ser el momento de pensar fuera de la facultad, metafóricamente, sobre una especie de pulpo sintiente.

 

La hipótesis de una cierta mente mundial en formación

(Recordando a Sara de Ibáñez, mi profesora de literatura)

 

Ay, he estudiado ya Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también, por desgracia, Teología, todo ello en profundidad extrema y con enconado esfuerzo. Y aquí me veo, pobre loco, sin saber más que al principio. Tengo los títulos de Licenciado y de Doctor y hará diez años que arrastro mis discípulos de arriba abajo, en dirección recta o curva, y veo que no sabemos nada.
Fausto (Goethe)

Si (Fausto) desprecia la razón y la ciencia, la más potente fuerza de los hombres, y se fortalece con el espíritu del engaño con obras de ilusionismo y magia, ya lo tengo en mis manos incondicionalmente. El destino le dio un alma que avanza sin detenerse y cuyas apresuradas aspiraciones sobrepasan los gozos del mundo. Ya sabré arrastrarlo por la vida salvaje a través de lo irrelevante y lo insignificante; habrá de quedar atrapado por mí, se aferrará a mí, lo dejaré paralizado y avivaré su insaciabilidad haciendo pasar comida y bebida ante sus ansiosos labios. Suplicará alivio en vano y, aunque al diablo no se hubiera entregado, sucumbirá.
Mefistófeles el diablo (Goethe)

La humanidad ya tiene resuelta, en su conocimiento, la alimentación mínima adecuada para todos sus integrantes, aunque lo hace mal.
Tiene todos los recursos para la habitación adecuada de todos y también lo hace mal.
También dispone de los recursos para una vida buena (productiva, feliz, con contención del dolor, más ocios y disfrutes, amplia, abierta, sin distinciones de etnias, géneros y clases sociales) de todos los ocho mil de millones de humanos, incluyendo el cuidado de su contexto animal, vegetal y terrenal, pero no los aplica bien.
¿Esto quiere decir que hace todo mal?
No.
¿Quiere decir que la humanidad no sabe cómo hacerlo?
Lo sabe y no lo sabe, lo desea y no lo desea, hay destellos que se encienden y apagan, puede parecer trastornada y lúcida, actúa erráticamente y en momentos determinadamente.

La humanidad se parece al Doctor Fausto, que creía saberlo todo y había andado por la vida sin compasión. Había estudiado mucho y como que había visto poco. La humanidad parece estar encerrada en una comprensión autoindulgente, refinada y retornante a lo mismo. La teología no le ayuda. Sus racionalidades y ciencias pueden crear monstruos. Es capaz de producir bellísimas obras de arte y al mismo tiempo misiles con uranio empobrecido para matar civiles y su ambiente.

Fausto hace un pacto con el diablo –quien tampoco tiene claridad en mucha cosa– y acepta seguirlo a cambio de la promesa que recibe de superar su ignorancia.

Con Mefistófeles el diablo, “el que está acostumbrado a ir de incógnito”, con precauciones, habría que preguntarse si el limitado Fausto (la humanidad) puede aspirar a disponer de una mente que procese racionalidades y emociones en un nivel diferente al actual, y que debata adecuadamente, con el mejor lenguaje posible.  
A ver si se anima a hacer un pacto como el que hizo Fausto. El diablo la llevará por caminos cotidianos desconocidos, intransitados, quién sabe.
Puede que en ese camino la humanidad se haga consciente de lo que dispone, poco usa y ponga su(s) mente(s) a trabajar.
Puede que se deje de tanta explicación redundante y decida cambiar su mente.

 

Se sabe poco acerca de la mente

Antes de seguir al diablo, es momento de pensar sobre la mente, más bien sobre las mentes que poseen las ocho mil millones de personas, y poner mucho esfuerzo al servicio de ese estudio que está muy adolescente (agradezco a Irene Maggi la mención de una vinculación entre capitalismo y adolescencia).

Como han afirmado investigadores académicos: “La síntesis de la neurobiología, la psicología, la neurología y la psiquiatría es muy prometedora... Es necesario comprender mejor el lenguaje…la sorprendente hazaña del lenguaje es demasiada compleja para los instrumentos de una especialidad médica aislada, en la medida que varias disciplinas se unan para el estudio de los procesos neuronales subyacentes, podemos esperar avances decisivos” (Dronkers, Pinker, Damasio)  

“La psicología cognitiva ha demostrado que el cerebro almacena una representación interna del mundo, mientras que la neurobiología nos ha revelado que esta representación puede ser entendida en términos de neuronas individuales y las conexiones entre ellas. Esa síntesis nos ha proporcionado una perspectiva mejor sobre la percepción, el aprendizaje, la memoria, y la enfermedad mental” (Kandel).

La mente no es el cerebro, la mente es la práctica psíquica humana.

“En contra de las expectativas de algunos, resulta improbable que el análisis biológico disminuya nuestra fascinación por el pensamiento o que convierta en trivial al pensamiento por reducción al enfocar las cuestiones en términos de biología molecular...al contrario, la biología celular y molecular han ampliado nuestra visión permitiéndonos concebir relaciones insospechadas entre fenómenos biológicos y psicológicos…La unión de estas dos disciplinas, la fusión de la biología y la psicología cognitiva buscando la comprensión biológica unificada de la conducta” (Kandel).

Carlos Vaz Ferreira “enfatiza la idea de que los aspectos mentales y los fisiológicos ‘se compenetran y confunden’…(él) estaba cautivado por la idea de integrar la psicología y la neurobiología”[1]

Y nada más queda que en la mente está la consciencia y la inconsciencia. Según Freud –afirmación generalmente aceptada por la investigación contemporánea– la consciencia es tan solo “la punta del iceberg” de la actividad mental.
“Hasta ahora, la grieta explicativa entre la mente y el cerebro sigue siendo insondable” [2] .

 

La hipótesis de una mente más joven que el planeta

En el siglo pasado, James Lovelock propuso la hipótesis Gaia, en resonancia con similares ideas antiguas. Según ella, el planeta con su tierra, la atmósfera, la hidrósfera y la biosfera –el espacio de los seres vivientes– constituye algo así como un ser vivo. 
Que Gaia tenga una cierta consciencia y una memoria de lo vivido desde su origen es una teoría adicional y que ese ser vivo se autoregule es otra discusión.

Aquí hablaremos de otra cosa, de una mente que tiene solo unas decenas de millones de años, desde la evolución de los primates, y no del planeta. El planeta tierra se estima tiene unos miles de millones de años. Nada más consideraremos una evolución mental que hipotéticamente se ha acelerado en los últimos quinientos años y mucho más en el último siglo, sin encontrar espacios.

Aquí formulamos la hipótesis de una mente registradora, recolectora de muchas mentes, posible amplificadora, con su consciencia, inconsciencia, actividades emocionales, sentimentales, intelectuales, actividad sensorial y extrasensorial.

Más que una memoria que guarda todo lo que ocurra en el mundo, de todo el saber acumulado en sus pliegues conscientes e inconscientes, sería una pensadora que puede suspender el juicio y limitar sus acciones según reglas.

La metáfora propuesta para esa mente distribuída es la de un pulpo con un cerebro central y ocho mil millones de tentáculos, cada cual con sus neuronas individuales.
Su ubicación variable está en el espacio-tiempo del planeta y no es percibida por los sentidos humanos. Posee una memoria de todos los acontecimientos desde hace decenas de millones de años y en consecuencia una imaginación potencial gigantesca, finita, limitada por esa memoria que de todas maneras crece.
La imaginación la capta, al sentido común le cuesta captarla.

¿Es esa mente una diosa?
No, la creó la humanidad, el conjunto de las personas vivientes, y no toma acciones propias, salvo las que se desprenden de sus conexiones humanas y según reglas que se verán. Además, puede ser compasiva.

¿Es un paso adelante del dios de Spinoza? Puede ser, aunque más activa y desagregada, no es una, no es sabia, está en construcción.

¿Es una intuición? Sí, es la de viajeros simultáneos por todas partes del mundo.

¿Es un espíritu? No.

¿Es un fantasma? Algo así.

¿Tiene diálogo preferente con algunas mentes de alguna parte o particularidad humana? Solo se sabe que su actividad mental depende de las mentes humanas, en lucha, conflicto y convergencia.

¿Tiene opinión sobre el bien y el mal? No se sabe, es difícil responder. Desespera.

¿Es racional? No solamente.

¿Es irracional? No solamente.

¿Es hiperlógica? Algo así, no sabe, está trabajando en eso.

¿Es una inteligencia artificial autónoma? No, sus input son humanos, y se maneja por reglas humanas preestablecidas en cada momento histórico y contexto, como se verá. 

¿Es una titiritera del mundo? No, recibe su guión de la humanidad y el planeta, lo elabora, aprende, cambia, representa nuevos mundos. Es un producto netamente colectivo.

¿Es la mente de la humanidad? Algo así, es una suerte de mente distribuída. Es un producto práctico de la actividad humana, de las ocho mil millones de personas.

¿Es una especie de nueva Naciones Unidas reguladora? Es una mente, no es una institución, aunque piense en ellas.

¿Es un inconsciente colectivo? No, estrictamente. Es más que una inconsciencia de gran cantidad de personas

 

Las reglas de la mente tentacular

No se sabe bien cómo funciona esa mente y su cerebro. Pasa como con cualquier otro individual. Los conocimientos y teorías en psicología, neurofisiología, biología celular y molecular son al momento insuficientes para comprenderla.

Los conocimientos parciales y segmentados de las ciencias sociales, antropológicas, psicológicas, animales, ambientales, científicas en todas sus ramas, y en proceso aún de una mayor segmentación, que le proveen sus mentes tentaculares, individuales y grupales, no ayudan a un procesamiento fácil.

Es conveniente entonces que la conducta de la mente esté entonces autolimitada por unas reglas (Asimov y sus leyes de la robótica inspiran aquí, aunque no hablemos de un robot):

Primera: recibir todas las comunicaciones y psiqueos humanos (actividad psíquica simple y compleja) sin excepción.
Segunda: agradecer lo que le llegue y no entienda.
Tercera: procesar la información y formularse todas las preguntas posibles –según su autoconocimiento– acerca de lo que no entienda.
Cuarta: registrar alegrías y calamidades, sin impedir ni facilitar aunque considerando el grado (ver séptima y octava).
Quinta: (de la espera). Si le llegan comunicaciones contradictorias, absurdas, bellas y escandalosas debe esperar, sin tener la más mínima idea acerca de lo que haya que esperar (salvo la regla séptima, octava y novena).
Sexta: (regla de la lógica) seguir una lógica viva.
Séptima: (de la alarma) en caso de detectar desde varias fuentes que la humanidad o el planeta están en riesgo de desaparición o daño irreparable, o que es probable el surgimiento de un régimen opresivo-excluyente-destructivo, avisar y colaborar con aquellas personas que puedan impedirlo en todos lados, Shanghái, Nueva York o Montevideo (como referencias en su memoria, tiene la destrucción de los dinosaurios causada por los meteoritos y el régimen nazi).
Octava: (regla del dolor) en caso de sentir un gran dolor, insoportable, avisar a aquellas personas que puedan disminuírlo, poniéndose a disposición.
Novena: (regla de la alegría) en caso de sentir una gran alegría, maravillosa, avisar a aquellas personas que no la sientan.
Décima: (de los extraterrestres) en caso de avistarlos, entenderá que la comedia humana cambió para siempre. Entablará con elles un diálogo pacífico y constructivo, inspirándose en las indicaciones de Carl Sagan.

Estas reglas dependen del contexto histórico, al comienzo del siglo 21. No fueron así antes, probablemente no sean las mismas en el futuro.

 

Y entonces

Los recitales del Negro Rada, la gira de Taylor Swift y la propia de Roger Waters alimentan la mente, la cargan de emociones y teoría estética, la potencian, la ponen en condiciones de aplicar la regla de la alegría.

La sucesiva producción de actos terroristas que matan gente desarmada, la neutraliza, desconectando sus funciones racionales. La mente se bloquea y atina a convocar sus sentimientos. Se producen las condiciones de la regla octava del dolor. Si logra sostenerse, puede recordar y comunicar luego lo dicho por Seranis: El temor a los Invasores, la oscura sombra en las profundidades de la mente humana, volvió a tu pueblo contra el mundo y los hizo perderse en sus propios sueños (en Tras la caída de la noche de Arthur C. Clarke y Gregory Benford)

Tal vez en algún momento ─ fue dicho y no se puede decir más, que dependerá de la lucha de las mentes desagregadas (los tentáculos)─  surja una convergencia, unos acuerdos mínimos de convivencia, sobrevivencia, felicidad, reducción de dolor que neutralicen la espera y la abstención de la mente mundial, que le activen la compasión junto a la tolerancia, y que ésta devuelva a las ocho mil millones de mentes sus historias y refuerzos anímicos con mutua reciprocidad.

Goethe le hizo decir al coro, al culminar el pacto entre Fausto y el diablo, cuando el Doctor había hallado “una tierra libre, con un pueblo libre”:
Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno-femenino
nos permite avanzar.

Arréglense para interpretar esto. ║

Agradecimientos a: Annabel Ferreira, Schubert Gallo, Irene Maggi, María Isabel Riva-Zuccheli y Graciela Gómez Palacios.

 

 

Palabras clave:

Pulpo
Mente
Inteligencia
Alejandro Baroni Marcenaro

 

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