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basilisco número 2, agosto 2026

El arte de dar batalla

X El zorro gris

Sun Tzu

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La inspiración de lo que sigue es el librito El arte de la guerra de Sun Tzu, un maestro chino que dicen vivió hace dos mil quinientos años.
En este texto no se quiere ni se ensalza la guerra. Usa la expresión dar batalla como la metáfora principal para las iniciativas.
Cada quien sabe qué batallas contemporáneas da y puede que esta sea una pequeña guía para hacerlo mejor. 
Los cambios de lenguaje, elección de frases, recortes, agregados, desorden e interpretación son descaradamente propios.
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El arte de dar batalla se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando seas capaz de atacar, aparenta incapacidad; cuando comiences a actuar, aparenta inactividad.
 
Investiga a tus adversarios. Mide, compara sus capacidades y las tuyas.

Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.

No te enamores demasiado de tu idea, ni menosprecies demasiado la idea de tu adversario.

Todo el mundo elogia la victoria con enfrentamiento, pero lo deseable es poder ver el mundo de lo sutil y darte cuenta del mundo de lo oculto, hasta el punto de ser capaz de alcanzar la victoria con el mínimo enfrentamiento.

Un batallador victorioso gana antes que nada en las mentes adversarias y entabla enfrentamiento después si es necesario; el mariscal de derrotas enfrenta e intenta convencer después.

Si puedes, elige las batallas a dar.

Los que dan todas las batallas que se presentan no son los mejores; los que consiguen que se rindan impotentes los adversarios sin mayor daño propio y ajeno son los mejores maestros del arte de dar batalla.

Así pues, la regla de la utilización de la fuerza es la siguiente: si tus fuerzas son diez veces superiores a las del adversario, rodéalo; si son cinco veces superiores, atácalo; si son dos veces superiores, divídelo. Si tus fuerzas son iguales en número, lucha si te es posible. Si tus fuerzas son inferiores, presta mucha atención, pues el más pequeño fallo te traerá las peores consecuencias. Trata de mantenerte al abrigo y evita en lo posible un enfrentamiento abierto con él; la prudencia y la firmeza de un pequeño número de personas pueden llegar a cansar y a dominar incluso a poderosos adversarios.

La naturaleza del agua es evitar lo alto e ir hacia abajo; la naturaleza de quien da batalla es evitar lo lleno y atacar lo vacío; el flujo del agua está determinado por la tierra; la victoria en batalla viene determinada por el adversario.

Dar batalla victoriosa es hacer que los adversarios vengan a tu territorio, y de ningún modo dejarse atraer fuera de tu fortaleza.

Estudia el territorio, estudia las batallas ganadas y perdidas. Haciendo más de lo mismo te transformarás en un mariscal de derrotas.

Sé extremadamente sutil, discreto, hasta el punto de no ser visible. Aprende a ser silencioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.

Causar dolor es una práctica de mal augurio, y la batalla puede ser un asunto peligroso. Es indispensable impedir una derrota desastrosa, y por lo tanto, no vale la pena movilizarte por razones insignificantes: el enfrentamiento solo debe utilizarse cuando no existe otro remedio.

Lo viejo y lo nuevo no son opuestos, sino que se utilizan juntos. Un emperador que fue un famoso guerrero y administrador, proponía confundir las percepciones de los adversarios sobre lo que es conocido y desconocido, y después atacar inesperadamente, combinando ambas tácticas hasta convertirlas en una, volviéndose así indefinible para el adversario.

Servirse de la armonía para debilitar la oposición, no atacar gente inocente, no cortar los árboles ni contaminar los pozos, limpiar y purificar los templos de las ciudades y montañas del camino que atraviesas, no repetir los errores de una civilización decadente.

Actúa cuando sea beneficioso; en caso contrario, desiste. La ira puede convertirse en alegría, y la cólera puede convertirse en placer, pero un pueblo destruido no puede hacérsele renacer, y la muerte no puede convertirse en vida. En consecuencia, si quieres batallar presta atención a todo esto. Ésta es la manera de mantener a tu gente a salvo.

 

 

Palabras clave:

Sun Tzu
El zorro gris

 

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