x Juan Rocablanca (*)

Esperando una transición (desde hace cincuenta años)


Fijarnos una meta para llegar a cinco mil millones de dólares de exportación de bienes no es una cosa que el Uruguay no la pueda enfrentar (esto es multiplicarlas por dos) dijo un candidato a presidente durante la campaña uruguaya de 1999. Para eso tenemos que pensar de otra manera aconsejó luego. Casi develando su identidad, otra frase suya: (hay que) mantener el equilibrio fiscal. Eso es lo que va a permitir al país crecer.(º)

Como capitán productivo, el candidato Jorge Batlle se dirigía a su ejército reunido en la Asociación de Dirigentes de Marketing. Muchachos, interpretando al DT/candidato, al Estado, tranquilo, sin gastar de más, pero Ustedes se me ponen otra cabeza, invierten, aumentan la producción y así duplicamos las exportaciones. Yo, mientras tanto, les bajo el costo del Estado. Hagamos neoliberalismo, sí, pero para superar la crisis.

No le hicieron caso, aún a su capitán más querido y sorprendente, el mismo que les prometía olvidar impuestos a la renta. Así, las exportaciones sólo aumentaron inercialmente un 30 por ciento durante sus cinco años de mandato, y gracias al repunte final del precio de la carne. (º)

Los dueños de capital no sólo dejaron solo al capitán, en el ínterin fugaron además gran dinero para el exterior. Por seguridad, confiaron más en los ejecutivos de cuenta del citibank y en antiguos apellidos tradicionalmente procesados por la justicia. Pudo estimarse que el valor de más de tres años de exportaciones estaba colocado por residentes uruguayos fuera del país.(º)

Durante este período se coronó además una de las mayores emigraciones humanas históricas, esta vez huyendo de la pobreza y el empobrecimiento. Se calcula en medio millón la cantidad de uruguayos residentes en el exterior. Estos emigrados retornan gran ingreso de capital anual para sus familiares, con el fin de mantenerlos fuera del círculo de la pobreza(º). Para transferir los fondos, hay oficinas de western union nacidas como hongos en todos los barrios.

Viejos dueños de tierras comenzaron a desprenderse de su tradicional recurso: inversores transnacionales compraron estancias, campos para forestar, campos para huir. Apellidos increíbles vendieron. Aunque ya vivían en la ciudad global, los terratenientes se consolidaron en ella, emigrando hacia allí sus negocios. Comenzó a operarse un cambio histórico: empresas transnacionales invirtieron en industria y tierra simultáneamente.

Pequeños y medianos productores agropecuarios, endeudados generalmente con la banca pública, continuaron tras sus hijos el ya largo proceso de emigración del campo a la ciudad, engrosando barrios y negocios marginales. Se nota si el caballo que tira el carro recolector de residuos es atendido por un paisano.

Como agregado a esta situación, y casi cerrando el círculo del abandono, determinadas empresas que conservaron sus activos son deudores “contumaces” del Banco de la República. Operaron, se beneficiaron, se endeudaron y no pagaron. De alguna manera, también fugaron.

Resumen de lo anterior: emigración y retorno de dinero, emigración de mano de obra calificada al exterior y retorno menor, emigración de capitales y humanos del campo a la ciudad, emigración de dineros públicos a bolsillos privados, inmigración de capital transnacional. Está instalado un Uruguay en movimiento, sin fronteras, en consecuencia, interdependiente.(1)

Las condiciones internas, endógenas, inhabilitaron un Uruguay productivo, innovador con sus recursos nacionales, y, al mismo tiempo habilitaron el ingreso de capitales transnacionales que encontraron, por ejemplo, formidables condiciones en la cadena maderera y en la compra de tierras fértiles y húmedas. La fuga y la emigración dejaron espacios vitales libres.

La ausencia de innovación y reinversión tecnológica crearon las condiciones internas para la inmigración de capital y tecnología transnacional, tanto que, por ejemplo, no hay conocimiento suficiente en los residentes que permita una evaluación de impactos ambientales en la producción de celulosa.

No puede hablarse, por ejemplo, de un modelo forestal pergeñado en algún centro financiero o imperialista. No, se trata de una oportunidad para grandes negocios forestales en un país cuestionado por sus fuerzas productivas en fuga. Oportunidad transnacional en un país abandonado y endeudado. Una población y ciudadanía que, como nunca, tiene un futuro en ciertas integraciones regionales.(2)

Lejos está la formación de un Uruguay productivo con decisiones autónomas, en equilibrios, como suele ser el sueño de nacionalistas de izquierda y derecha, ahora conducentes a enfrentamientos con el Estado argentino, que por su parte opera con reflejos similares y tono agresivo.(3)

Estarán bienvenidos los esfuerzos por diversificar la producción, agregar valor agregado, tecnificar, investigar y desarrollar, digamos intentos de, que son mediatizados demasiadas veces por las burocracias, o por la poca capacidad inventiva empresarial vigente, con gran capacidad reclamante de beneficios corporativos al Estado. Pero, subrayo, de la izquierda con programa Frente Amplio 71, año de su fundación, no tenemos para rescatar salvo la posible autenticidad de tales repeticiones. Sus medicinas están vencidas. El país ha sido vaciado de capital y fuerza productiva humana necesarios para el estilo que se pretende. El Estado no es el de la segunda posguerra. Capitalistas se retiran. Mucha gente emigra, podrá emigrar hacia supuestos paraísos a llorar en las navidades extrañas y cantar con Zitarrosa, pero huye igual, como sobrevivencia y rechazo a esta mala convivencia.

Por si alguien no se dio cuenta, el equilibrio fiscal y la prolijidad en los gastos no son condiciones suficientes para revertir, si los capitanes productivos se desentienden y no hay producciones alternativas colectivas con Estado o sin él. El neoliberalismo, que señaló una cantidad de problemas reales en el estado anterior, y mediatizado- nunca pudieron aplicarlo a fondo- intentó resolverlos, también es hoy probadamente una medicina vencida. Se dieron cuenta: el BID financia ahora hasta programas de reinserción escolar.

Desatada hay una guerra social, a la uruguaya. Otro desplazamiento social fue visible. Los barrios se atrincheraron, con rejas o calles intransitables, se crearon los cauntri vigilados veinticuatro horas, los peajes callejeros. La pobreza entre los jóvenes trepó a las nubes, la discriminación negativa hacia la juventud se hizo más clara. No alcanzaron las cárceles y se construyeron nuevas. La represión social y vigilancia fue reclamada desde los ricos y clases medias, sin faltar allí votantes del gobierno. La inseguridad pasó a ser problema cardinal, con pulsiones cíclicas. La multitud más empobrecida y rebelde ha votado al Frente Amplio ante el deterioro, curiosamente alcanzando sólo el cincuenta por ciento de los votos. La otra mitad parece que se las arreglaba antes de votar. Se han generado expectativas que son duras de cumplir, si la actividad reclamante se dirige fundamentalmente hacia el Estado, como cierta cultura de izquierda acostumbra. O reclamando un “cambio de política económica” como varita mágica, sin mirar a los actores sociales y la conformación de un nuevo país interdependiente. Mientras tales reclamos tardan en atenderse o se ignoran, la rebeldía se expresa en pequeñas reivindicaciones salariales, juveniles culturales, el abandono laboral, estudiantil curricular y otras fugas, las adicciones y el delito contra la propiedad. Lejos de un Líbano, pero mala convivencia. Sin perjuicio que, finos comparadores los uruguayos, acostumbrados a ganar por media cabeza, se perciban y señalen pequeños cambios. Un país de infinitésimos movimientos.

Desde la sociedad, o mejor, diversas sociedades, los reclamos son al Estado para que actúe y legisle en su nombre, retornando sus depósitos viajeros a la billetera, por ejemplo. Son pocas las rebeldías productivas industriales y cuando se producen son deslegitimadas(4). Es escasa la colonización de la tierra, el desarrollo de nuevas tecnologías, y grande la lentitud burocrática y su orientador, el pensamiento centralizador estatal(5). Cierto establishment docente impone sus normas conservadoras en la universidad estatal y en secundaria, docentes innovadores fundan sus escuelas para escapar de la anomia, jóvenes buscadores encuentran cursos cortos de frente a su problemática laboral en la universidad jesuita o la del opus dei. Pero hay también otra iniciativa: los marginados más audaces hacen apología del delito y actúan.

En cambio, cerca debería estar la introducción del Uruguay, ya materialmente interdependiente con fuerzas productivas que van y vienen, a una nueva orientación regional, con políticas interdependientes. A pesar de los liderazgos regionales. Incluímos por ahora allí a: políticas ambientales con evaluación de externalidades, asignación de ingresos básicos universales, políticas educativas (más posgrados coordinados en universidades externas) de derechos laborales regionales, innovación tecnológica, discriminaciones positivas hacia jóvenes, mujeres y marginados propias de un Estado democrático contemporáneo. No es mucho más lo que puede hacer, el Estado. Y administrarse bien. Olvidaba, también puede extender al infinito la contención de la pobreza extrema con planes de emergencia, pero esa insistencia sólo contentará a los caritativos, y a los controladores estatales. No es seguro que contente a los beneficiarios.(6)

Si lo anterior es lo que imaginamos que puede hacer un Estado democrático al siglo veintiuno, queda por subrayar lo que pueda hacerse desde la sociedad. La iniciativa de trabajadores, organizados o sin sindicato, desempleados, estudiantes desconformes, paisanos colonizadores de tierras, mujeres discriminadas, reclamantes de justicia por crímenes de la dictadura, por abusos estatales vigentes, gentes sin techo, defensores medioambientales, innovadores tecnológicos, artistas creativos, discriminados de toda clase, delincuentes, sin orden preferente. Aquí estará la diferencia y dependerá de estas iniciativas si se supera o no la crisis del estado batllista, sumando sus experiencias, se abandonan las medicinas vencidas, el neoliberalismo y su dios mercado, anotando sus ensayos, al estado paternal y devenido corrupto, registrando historias.

Estaremos esperando acontecimientos.


Notas

vuelve al texto (*) Colaborador antiguo de Librevista,
con acidez estomacal.

vuelve al texto (º) Lector, lectora, para no aburrirte, las fuentes
de información están a tu disposición.

(1) La aplicación de justicia en cuanto a violaciones de derechos y crímenes perpetrados por civiles y militares, fuera o dentro de la Ley de Caducidad, está ya regionalizada. Actúan ya jueces chilenos, se agregará pronto la justicia argentina. Las Fuerzas Armadas uruguayas asumieron ya numerosas misiones de paz (con diversos matices defensivos y agresivos) alrededor del mundo. Estas misiones significan un importante ingreso de dineros decisivos para el nivel de vida de los soldados participantes y sus familias, además de la formación profesional adquirida. La actuación operativa militar,vuelve al texto salvo vigilancias costeras y de frontera, apoyos a planes alimentarios y poco más, es testimonial en lo nacional.

(2) Referencia para este ensayo es el texto de Antonio Negri y Giuseppe Cocco, GlobAl, Biopoder y luchas en una América latina globalizada, Paidós, Buenos Aires 2006. Los autores no entran al caso uruguayo, centrándose en Brasil, Argentina y Méjico. Es bienvenida la insistencia de autores reconocidos a nivel internacionalvuelve al texto sobre el abandono de las teorías dependentistas y desarrollistas y la búsqueda de nuevas interpretaciones, sin perder “el placer del debate”.

(3) En cuanto al litigio por las plantas de celulosa del río Uruguay, en manos de la sociedad civil está el proponer la formación de una Asamblea del río Uruguay, que permita conectar y comunicar en diálogo aún áspero pero amigable a los habitantes de una banda y otra del río, argentinos, brasileños y uruguayos. Es demasiado evidente que el enfrentamiento entre Estados con visiones nacionalistas está por fuera de la protección ambiental y del futuro de generaciones enteras. Y está siendo inútil, aunque no deban abandonarse los intentos institucionales de entendimiento.
Por el momento, tenemos del lado oriental a trabajadores organizados cuya central sindical se había opuesto a las inversiones celulósicas, por diversos motivos compartibles o no. Ante las ofertas laborales que les permiten salir de la fuerte desocupación e informalidad sufridas, no hacen escuchar clase alguna de reserva precautoria acerca del futuro operativo de tales plantas, ni otras exigencias a las empresas o Estado diferentes a las salariales y accidentes de trabajo. Estará todo bien si hay laburo. Otras consideraciones sólo recaen sobre oficinas de control medioambiental en desarrollo, que deberán arreglarse. Similares aunque no unánimes consideraciones expresan habitantes del litoral oriental del río Uruguay.
Por el lado occidental del río, se registra una contrapartida formidable y simétrica. Sin consideraciones ambientales responsables, para la asamblea de Gualeguaychú será aceptable si las plantas se construyen aguas abajo y fuera de su vista, posición hoy cooptada y apoyada por acciones económicas y políticas de aislamiento al Uruguay por parte del Estado argentino.
vuelve al texto Difícil entonces este camino de comunicación civil, pero no se me ocurre otro.

vuelve al texto (4) El caso de la Imprenta Vanni, puesta a producir por sus trabajadores, luego procesados por la justicia.

(5) Es paradigmática la conducta estatal en materia energética,vuelve al texto desconfiando de toda iniciativa generadora descentralizada, interconectada o autónoma.

vuelve al texto (6) Ver en R. Bayce, 5 Tareas de Hércules,
Ed. Trilce, 2005


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